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El equipo de la exlínea 102: ”Funcionamos como agentes de cambio” 04-11-2018
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Las trabajadoras de la exlínea local 102 de atención a víctimas de violencia de género hicieron un balance de la experiencia atravesada en estos 5 años de trabajo y compromiso. Ahora volcarán ese conocimiento en diversas áreas del Municipio.

Son 7 las mujeres que formaron parte del equipo final y vivieron la conclusión de la experiencia de la Línea 102. Desde el pasado 1 de octubre Bariloche se sumó a la línea nacional 144 de atención a víctimas de violencia de género, y estas trabajadoras ya implementan su especial formación en distintas áreas municipales, todas vinculadas a lo social y comunitario.

En una charla de balance de lo que fueron sus 5 años de camino en la atención a mujeres víctimas de violencia de género, surge una visión común: se trató de una experiencia única, muy valiosa para la ciudad pero también de empoderamiento a nivel personal.

Cesia, Lorena, Marcela, Norma, Paola, Elena y Ale son las 7 mujeres que fueron el corazón de la línea local de atención a víctimas de violencia de género. Hoy, tras la transición que hizo Bariloche a la línea nacional 144 —que cumple esa misma función y contribuye a la generación de estadísticas nacionales—, estas siete trabajadoras ya vuelcan su conocimiento y formación en otras áreas estratégicas del Municipio: la Casa Refugio Amulén, el área de Género y Diversidad, la Dirección de Instituciones, el CDI Pichi Che Ruca y el Hogar Emaús.

En estos cinco años, sostiene Lorena, “adquirimos un montón de conocimiento y herramientas que vamos a seguir teniendo y mejorando. Y en el hablar con las mujeres de hecho sigo asesorando, no lo puedo evitar. Vas por la vida asesorando. Seguimos siendo un granito de arena desde un lugar nuevo”.

Y Cesia coincide: “Funcionamos como agentes de cambio, es como un despertar de conciencia, con las personas con las que hables sin querer les das otra perspectiva de la situación y generás cosas. Aunque la mujer no llegue a hacer una denuncia, ya le cambiás la cabeza, le das herramientas, se empodera la mujer a través de esas charlas cotidianas. Vas dejando algo... Cada una tiene su tiempo para procesar, no siempre es el que nosotros pensamos, es el de ellas. Y en algún momento ella tomará la decisión para una vida mejor”.


La experiencia de la Línea 102: punta de lanza

Paola recuerda lo difíciles que fueron los comienzos de la línea de atención a víctimas de violencia de género, allá por julio de 2013 en que empezó a funcionar oficialmente. El equipo de operadoras surgió de una capacitación provincial, de la que habían participado 25 mujeres.

Al principio la Línea 102 no tenía un lugar propio y funcionaba en la sede del 911. “No teníamos ningún tipo de identidad”, señala. Comenzaron atendiendo de 7 a 13 hs, pero después se empezó a ampliar el horario para dar cobertura las 24 hs. “Empezamos a hacer turnos rotativos, una semana de noche, una de tarde, un mes de noche, uno de mañana... Era muy desgastante, teníamos los baños en el calabozo, nos íbamos a la YPF porque teníamos miedo, nos llamaban de testigos para cualquier cosa”, evoca Paola.

Marcela también agrega que la recepción en el 911 inicialmente no fue buena: “Nos iban corriendo de lugar, no sabían dónde ponernos, escuchabas y te dabas cuenta que había un llamado para la línea 102 pero no nos pasaban las llamadas, había una mentalidad muy machista, fue bastante difícil hasta que después empezaron a aceptarnos”.

En enero de 2015, con la apertura del Centro de Monitoreo que nucleaba la supervisión del sistema de cámaras de seguridad, el equipo de la línea pasó a ese lugar, en donde las condiciones de trabajo fueron mejorando con el paso del tiempo. No obstante, siempre se trató de una tarea que demandaba más que otras, con horarios difíciles, resignando tiempo familiar y en muchas ocasiones pasando las fiestas atendiendo el teléfono.

“Era un trabajo que veníamos haciendo muy a pulmón, nos hacíamos el aguante las unas a las otras, no teníamos plata para el pasaje de colectivo pero no faltábamos a la línea. La sostuvimos mucho tiempo a pulmón”, rememora Paola.

Norma es personal de planta del Municipio y estuvo muchos años en la Casa Refugio Amulén antes de ingresar a la Línea: “Viví la experiencia directa con las mujeres y me pasó de después recibir llamadas de esas mujeres, algo muy fuerte porque ya las conocía, tanto en Amulén como en la línea se viven cosas muy fuertes, la impotencia de no saber cómo ayudarlas, ellas están desesperadas llamando y las primeras veces me costaba, te mueve”.

Con el tiempo también se avanzó en la articulación con otras instituciones vinculadas a la temática, como el Consejo Provincial de la Mujer y la recientemente creada Comisaría de la Familia, con quienes se implementó además la guardia de primeras horas que hoy continúa. “Hubo muchos cambios en poco tiempo, y fue quizás gracias al esfuerzo nuestro”, indica Marcela.

Y Paola se suma: “Pudimos hacer que todos coincidiéramos en los mismos criterios. En un momento se dijo «todo pasa por la 102», y yo dije «¡por nosotras!». Creo que fue ahí donde activamos en serio, por la confianza que se nos dio, y ahí yo entendí que nosotras estábamos haciendo un trabajo que era un antes y un después, en la vida personal de cada una, en la vida laboral y en Bariloche. Una compañera dijo que habíamos sido punta de lanza, y yo hoy siento eso”.


La transición

En la actualidad, Bariloche se sumó —desde el 1 de octubre— a la línea nacional 144 de atención a víctimas de violencia de género, a cargo del Consejo Nacional de las Mujeres. Una decisión que despertó diversos debates en la ciudad, pero que tuvo un impacto diferente en las operadoras de la línea 102.

Por un lado Norma, que ahora se desempeña en el Hogar Emaús, cuenta que ahora “me siento rara, me cuesta durante las noches o los fines de semana asumir que estoy en mi casa y no trabajando”. Cesia, por su parte, vivió el cambio de otra manera, tras comenzar a trabajar en un Centro de Desarrollo Infantil municipal: “Yo me siento feliz de estar en mi casa, de tener una vida tranquila, estoy contenta con mi horario”.

Lorena lo vivió con emociones encontradas: “Hicimos un montón durante 5 años, a pulmón, solas, nadie nos reconoció, pasó mucho tiempo para llegar al reconocimiento del laburo que se hizo. Que las organizaciones ahora lamenten que se vaya la 102 me parece poco creíble, porque cuando nosotras marchábamos, sin que nadie sepa que nosotras éramos operadoras, la gente de las organizaciones nos defenestraba fuerte. Llevaban el cartel de la 144 y a nosotras no nos reconocían, decían que el gasto en nosotras era al cuete, que estaban malgastando el dinero, que no servíamos para nada, que no ayudábamos a nadie, que no se utilizaba el 102. Ahora no me sirve que lo reconozcan, eso no lo comparto para nada”. Paola señala que “dejamos de ir a las marchas por ese motivo, nos dolió, era mucha agresión de parte de alguien que supuestamente estaba de tu lado”.

Uno de los primeros temores que se expresó desde las organizaciones fue la supuesta pérdida de las fuentes de trabajo del equipo de la Línea: “Quisieron dejar sucia a la Dirección de Instituciones, pero siempre nos dijeron en la Municipalidad que ninguna iba a perder la fuente laboral, y por eso creo que todas decidimos seguir con Pato, porque Patricia Fernández [directora de Instituciones del Municipio] fue la primera que nos cuidó. Lo que ya no se puede hacer, no se puede hacer, y echarle la culpa al gobierno anterior o a este no tiene sentido, realmente la línea no estaba reglamentada, no teníamos ordenanza. Podríamos haber desaparecido mucho antes”.

Sobre el final de la Línea 102 Lorena explica: “Sentí frustración, pero al mismo tiempo para mí personalmente el ciclo había concluido, ya no me estaba dando más la energía. Y más este tipo de temáticas. Y eso que teníamos espacios de supervisión, en eso también nos cuidó un montón Pato; apenas tomó la Dirección lo primero que hizo fue ponernos un espacio de supervisión, yoga, actividades...”. “Se ve que nos vio bastante tensas”, acota Paola y todas ríen recordando anécdotas. “De hecho todas pasamos por contracturas, no hubo ni una que no fuera al Hospital, por casos que te marcaban, por cosas demasiado fuertes, salías de ahí y detonabas”.


Balance y nuevos caminos

Ante la pregunta de qué bagaje se llevan a sus nuevos espacios en la Municipalidad, Cesia sintetiza un pensamiento en el que todas coinciden. “Del trabajo en la Línea me llevo la empatía, el tema de trabajar con la frustración de que a veces lo que uno piensa que se debería hacer no siempre pasa, el aceptar al otro —expresa—; a pesar de que la decisión del otro te pueda hacer mal, aceptar la voluntad de la persona a veces cuesta, esto de ayudar a la mujer y ver que regresa por distintas circunstancias, y tener la cabeza abierta para no juzgarla es un trabajo de hormiga, y no todos tienen esa capacidad, que se va formando con el laburo, con las capacitaciones; trabajar con la frustración es difícil, es tremendo, pero se aprende a tener la cabeza abierta para aceptar la voluntad del otro aunque no cumpla tus expectativas, aceptar la decisión y ayudar siempre, estar predispuesto y acompañar”.

Marcela, que hoy se desempeña en la Casa Refugio Amulén, aporta ese saber a uno de los dispositivos municipales más activos en la protección de las víctimas de violencia de género: “Lo que yo me llevo es poder ponerle nombre y cara a las personas que llamaban. Poder ver que esas personas existen y nosotras sí las ayudamos, que no están en Casa Amulén porque quieren: nosotras veníamos haciendo el trabajito de hormiga y ellas se animaron a hacer la denuncia. Entonces el trabajo nuestro no fue en vano”. Marcela además está por obtener su título secundario, tras volver a los estudios alentada por Patricia Fernández. “Fue remarla los dos primeros años y este año ya me egreso. Y no fui solamente yo, hay varias compañeras que están terminando de estudiar, y otras que empezaron”.

Paola también expresa un sentimiento común a varias de las integrantes del equipo de la Línea 102: “El conocimiento te libera —asegura—, a mí me liberó terriblemente, en mi vida personal, en mi vida laboral. Nunca me imaginé tantos cambios que una realiza como mujer, cuando una aprende a aceptarse en un montón de cosas, cómo te cambia la vida en tu casa, fuera de tu casa, cómo mirás y cómo escuchás. Es diferente, porque ya mirás al otro de otra manera. El prejuicio ya ni lo conozco. Una involuntariamente pasa por la sociedad asesorando y diciendo cosas, y te das cuenta que el otro algo se llevó, es como una semillita, empieza a enraizar de alguna forma”.

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